jueves, 27 de junio de 2019

Un poquito de mi aventura


Al momento que tuve que regresar a Costa Rica no me tomé el tiempo para escribir acerca de todo un poco de lo que me había sucedido en mi estadía por los Estados Unidos, sin embargo, hoy, un día después de mi cirugía de ligamento cruzado anterior me tomé mi tiempo para escribir esto desde lo más profundo de mi alma.

Todo comenzó al ver unas fotos de una amiga en un lugar de nieve súper chuzo del cual yo me enamoré y desde ahí comenzó la aventura, resulta que es un programa que se llama Work and Travel y es para estudiantes universitarios solamente, al final no terminé yendo a Park City, Utah sino que fui a Vail, Colorado. Para en esos momentos sentía que a mi vida le hacía falta una aventura como esas porque en los años anteriores había pasado estudiando mucho y sentía que la juventud universitaria se me iba, además estaba un poco cansado de la rutina y de la zona de confort en la que estaba.

Todo marchaba bien, en mi primer viaje fuera del país y completamente solo, me topé con un norteamericano en el avión hacia Denver, CO. Josef me ayudó demasiado en el aeropuerto de Houston que tenía una escala y hasta almorcé con él y nos conocimos un poco durante el viaje, al final hasta le escribí un correo y esto fue lo que me respondió.


Llegando a Denver, en una noche fría de invierno, en un pequeño pueblo al sur de la ciudad me esperaba Mónica y su esposo, Mónica era una muchacha que había contactado por una aplicación que se llama couchsurfing y que me iba a dar hospedaje gratuito por dos noches, llegar a tocar el timbre en una casa totalmente desconocida fue todo un gran reto más sin embargo la pasé bien esas dos noches en un cuarto que me dieron y hasta en una de las noches hicimos cena y compartimos todos. Mónica escribió esto sobre mí días después de haber partido para la montaña. En esos dos días tuve tiempo de visitar la ciudad de Denver centro, apreciar los rascacielos, lugares importantes y utilizar un sistema de transporte público formidable.





Ya hacia la montaña de Vail agarré un bus que duró 2 horas con 30 minutos aproximadamente, ahí conocí a una señora que no recuerdo su nombre y hablamos durante gran parte del camino. El andar siempre solo te lleva a eso, a socializar, así en el metro de Denver conocí a varias personas también. Llegar a la montaña fue impactante, la belleza y el frío eran proporcionales entre sí, era increíble el frío por dicha ya había comprado ropa térmica pero de igual manera mi cuerpo no se acostumbraba aún. En la estación de Vail, me topé a una muchacha gringa que fue como un ángel para mi (al igual que Josef y Mónica) y me ayudó a llegar al lugar donde me iba a hospedar durante toda la temporada (estaba como a 40 minutos de adónde iba a trabajar).





La administración en donde me iba a hospedar (River Edge Apartments) solo nos daba en el apartamento una cama, un colchón y los espacios comunes (sala, cocina y baño), todo lo que tenía conmigo era mi ropa y de comida un paquete de maní, quizás no les puedo explicar el trago amargo que pasé pero sin embargo Dios nunca se olvidó de mí y me puso otro ángel (Matt) un gringo que venía llegando y que iba a vivir en el mismo apartamento que el mío, él tenía carro y me ofreció acompañarme a Walmart a comprar una cobija, sábanas, almohada y un poco de comida (qué cierta se me puso mala por no saber comprar en ese momento ni las fechas de vencimiento me fijé jaja). Al inicio fue difícil con la cocinada jaja el arroz lo hacía en una olla que no era arrocera y me quedaba duro al inicio, comencé a comer mucha ensalada y le echaba pollo o algo así. También por el frío me agarró una gripe bien fea y pasé a pura miel, gengibre, limón y echinacea.








En la montaña estuve como 3 días sin trabajar esperando a que llegara mi primer día de trabajo. Llegó el gran día tuvimos una inducción y listo, para el siguiente día había que estar a las 7 de la mañana subiéndose a la góndola y a las sillas para subir a la montaña, el frío era increíble, -20 grados Celsius o quizás hasta menis. Resulta que íbamos a trabajar en un restaurante pero ese día se cambiaron los planes y terminamos en otro restaurante mis compañeros ticos y una peruana. En ese restaurante, Buffalo’s, hice una familia y era increíble el gran equipo de trabajo que éramos comandados por 3 jefes increíbles, Ted, Theo y Nick. Ahí había gente de Japón, China, USA, Filipinas, Perú y de acá Costa Rica (hasta una cena cultural hicimos, yo hice patacones y todos quedaron como locos). Mis trabajos ahí eran muy variados fui cajero, tomaba órdenes, preparaba sándwiches, hamburguesas, servía sopas y limpiaba mesas, hacía de todo básicamente. 





Humildemente había aplicado en línea en unos hoteles cerca del lugar de a dónde vivía porque quería tener un segundo trabajo para hacer más plata (ya que tenía una deuda que saldar en Costa Rica) y también porque en mi primer trabajo no podía hacer horas extra. También en las tardes después de mi primer trabajo con unos curriculum que había llevado me iba para los lugares cercanos a preguntar si tenían trabajo, fue así como conseguí mi segundo trabajo, ayudante de los meseros en un restaurante que se llama Chophouse en Beaver Creek, otra montaña cercana a Vail y de la misma compañía Vail Resorts (esa montaña quedaba al frente de adonde yo vivía). Ahí trabajaba 3 días después de mi primer trabajo, miércoles, jueves y domingo. En ese restaurante conocí gente de Serbia, África, México, Perú, Argentina y de Estados Unidos. En ese lugar cómo trabajaba menos tiempo no logré conocer tanto a mis compañeros más sin embargo todos eran muy buena gente y siempre traté de ayudar en lo más que pude, ahí mismo tuve 3 jefes excepciones Sean, Audrey y Jeffrey.


Para ese mismo momento me llamaron de un hotel para una entrevista de trabajo para ser ski valet (las personas que trabajan en ski valet le ayudan a las personas a guardar sus botas en un espacio específico en el primer piso del hotel y también guardan los skis para que no tengan que subir con estos hasta los pisos en los cuales están hospedados). Resulta ser que me contrataron y tenía 3 trabajos, no me la creía, era consciente de que iba a ser muy pesado.

En ese lugar conocí el mejor trato que a un empleado quizás le pueden dar, nos daban desayuno, almuerzo y cena gratuito, además, los jefes eran personas increíbles, Devin, Hampton y Tim y los compañeros de trabajo eran muy buena gente, personas de Argentina, Perú y de Estados Unidos. Yo amé de todo corazón ser ski valet aunque no les escondo a veces me costaba con los apellidos de las personas porque venían personas del todo el mundo y yo no estaba acostumbrado a los apellidos gringos y menos los asiáticos y así. Con el apellido se buscaban los skis y las botas en el sistema para poder dárselos a los huéspedes, en fin fue todo un gran reto que pude superar.




En toda esa travesía de mis tres trabajos compré por Facebook mis skis, para mí algo soñado, eran azules marca Rossignol. El muchacho que los estaba vendiendo hasta al apartamento me los llegó a dejar, y me dio hasta las botas y los pulls todo eso por $100, yo no podía estar más emocionado. Saqué una clase y comenzó la aventura, caídas e inseguridades al inicio fueron la tónica más sin embargo cada vez le comenzaba a agarrar más confianza y era algo increíble. Yo les puedo decir de una manera muy humilde que realmente uno se siente vivo cuando baja esquiando esas montañas y logra observar esas montañas que parecen paisajes, es como sentirse dentro de una película de estas de navidad en donde la nieve y las vistas hacen que la vida sea increíble. Por cierto, para la navidad uno de los argentinos se jaló un cerdo buenísimo.







Debido a que tenía 3 trabajos tenía que trabajar 7 días a la semana sin días de descanso porque como sky valet trabajaba en mis días libres del primer trabajo (lunes y martes), tres días de la semana iba a trabajar a doble turno saliendo de la casa a las 6 de la mañana y regresando a las 11 de la noche y los días restantes iba a trabajar de 6 a 5 de la tarde. Era súper agotador, sin embargo, me recordaba mucho a mi papá que siempre me cuenta historias de como la pulseó para sacarnos adelante en un pasado trabajando sin días de descanso para poder darnos lo mejor y también otro punto importante es que tenía mucho contacto con la gente y así practicaba más inglés, uno de mis principales objetivos al realizar el programa. Aún así me quedaba un tiempo para realizar cosas como ir a ver partidos de hockey o aprender a patinar sobre hielo.



Ya trabajando en los 3 trabajos se llegó unos de los días más tristes de mi estadía, como trabajábamos en la montaña (en mi primer trabajo) siempre bajábamos esquiando por las tardes de regreso a la casa. Ese día (27 de enero) yo trabajaba doble jornada y era un día muy especial porque el mánager nos había dado como premio un locker entonces ya no había que venir con los skis en el bus todas las mañanas a las 6:30 am con ese frío y con toda esa gran carga. Bajando y de la manera más simple posible (ya me había caído en otras ocasiones) se me quedó el pie prensado y escuché mi rodilla traquear, en ese instante del pánico grite “¡Auxilio auxilio!” como si alguien me fuera a entender en español, en eso llegó una gringa y yo ya después del susto acaté a hablar en inglés para decirle que estaba bien, cosa que no lo estaba del todo, logré bajar súper despacio con mucho miedo por la montaña y me fui a trabajar a mi segundo trabajo con un dolor muy fuerte en mi rodilla.

El locker que nos habían dado con costos lo vi porque al tener esa caída ya iba súper tarde para mi segundo trabajo y tuve que rogarle a un chofer que iba directo para la otra montaña en donde yo trabajaba que me llevara porque ese era un servicio especial para la gente más adinerada y al final el chofer accedió y como iba directo yo no llegué tan tarde a mi segundo trabajo, Dios siempre estuvo conmigo. Ya en el trabajo no me sentía nada bien, hasta caminaba con dificultad. Fue en eso cuando una compañera de trabajo me dio una acetaminofén de gran dosis porque a ella le daban migrañas muy fuertes y el dolor se calmó apenas para llegar a la casa ese día.

Ese día de la caída fue domingo, y fui a trabajar así el lunes y martes a mi tercer trabajo, las cosas no eran fáciles, el dolor estaba ahí y los trabajos eran de pie la mayoría del día, ahí cuando podía me sentaba pero no era mucho rato. El martes una compañera me acompañó a una clínica en la noche y todo comenzó por unos rayos X hasta que me dijeron que tenía una fractura y que necesitaba una operación.

Es muy difícil para mí el explicarles ese momento, saber que estaba viviendo una de las mejores etapas de mi vida y saber que de la noche a la mañana todo se apagaba, todos mis sueños se venían abajo, fue muy difícil. Recuerdo muy bien cuando Vale la muchacha que me acompañaba me dijo “Llore, desahóguese, aquí estoy con usted” y para mí fue inevitable no hacerlo, sentía que todo el mundo se me venía encima y ahorita que estoy escribiendo esto es inevitable que las lágrimas no salgan a flote, fue una verdadera prueba de fuego. Me pusieron una férula enorme y me dieron unas muletas, las cuales iban a ser mis amigas por el tiempo que me quedaba en USA.



Ese día llegué al apartamento, muy triste y ya mis amigos ticos se comenzaron a dar cuenta de lo que me pasó y comenzaron a llegar a darme palabras de apoyo, realmente habíamos formado una familia y estábamos juntos en todo, eso fue algo que me ayudó mucho, sin embargo, me faltaba la parte más dura, contarle a mi familia, recuerdo que a la primera que llamé fue a Nati y lloré demasiado, siempre voy a recordar lo fuerte que fue ella levantándome, dándome todo el apoyo que podía a los cientos de kilómetros de distancia. No hacía falta estar ahí a la par uno con otro para sentir el amor que ella me transmitía, no había sido el mejor día de mi vida.

Por unos días no les conté a mis familiares para no asustarles, solo Nati sabía acá en Costa Rica. Y comenzó la lucha con el seguro para ver si me pagaban una cita con el ortopédico, llamadas iban y venían y hasta me di cuenta de que mi seguro era de Sudáfrica (cosa que no sabía). Los ángeles siempre estuvieron ahí y muchas personas me ayudaron para que ese cita fuera posible (ya para ese momento mis familiares sabían). Para ese instante también y después de mandar un correo masivo a como 50 ortopedistas de Costa Rica con el resultado de las placas para ver qué me recomendaban hacer (algunos se reservaban sus pronósticos) ya había tomado la decisión de devolverme para Costa Rica, porque primero mi rodilla no estaba del todo bien, segundo porque no podía volver a esquiar y me partía el alma ver a mis compañeros todos los días haciéndolo y tercero porque no me iba a operar allá sin ningún familiar que me ayudara después de la operación.

Ya con el ortopedista Millet (uno de los mejores ortopedistas del mundo) me atendieron en una clínica olímpica y tras realizarme unas pruebas físicas me diagnosticaron que tenía roto el ligamento cruzado anterior (LCA por sus siglas en inglés, dato curioso porque ese tipo de vocabulario médico no lo dominaba y ahí me la tuve que jugar). Sin embargo, el doctor me dijo que me tenía que hacer una resonancia magnética (MRI por sus siglas en inglés) y ahí la lucha creció aún más con el seguro.


Llamaba venía e iba nuevamente y era difícil la comunicación porque nadie se quería hacer cargo del procedimiento al ser tan costoso, la resonancia costaba $2100 (más de un millón de pesos en minutos). Al final también aparecieron ángeles en el camino y el MRI fue posible (cuando iba a entrar a la cámara, hasta Malpaís me pusieron de música).


Ese día fue mi último día en USA, porque para antes de eso ya había matriculado en el TEC y decidido que me iba, me realizaron la resonancia y de una vez salí para Denver centro en donde iba a tomar mi vuelo de vuelta a Costa Rica. Antes de irme pasé a comprarle algo a Nati y a mi familia, todo fue muy rápido y lo que les pude traer fue simbólico porque andaba un montón de carga ese día y tras de eso mi rodilla mala con la férula (dato curioso, no sabía cuáles eran las tallas de las blusas de las mujeres y vieran lo que me costó comprarle unas a Nati, pero al fin se las compré con todo el amor del mundo y se las llevé de sorpresa).




Estando en USA matriculé el TEC y llegué dos semanas tarde al semestre, mis amigos (familia TEC) me ayudaron un montón y sin ellos no lo hubiese logrado. Acá llegué y ver a mi familia fue algo indescriptible, después de dos meses y medio sin poder abrazarlos fue un regalo inigualable. También era mi primer Navidad y Año Nuevo con Nati sin embargo no pudimos estar juntos, ella siempre me apoyó desde un inicio con mi sueño y nunca dudamos en luchar por lo que hoy actualmente tenemos juntos.

Ya acá en Costa Rica comenzó la lucha de la cirugía, los ortopedistas de Cartago decían que no era necesario la operación y los de San José decían que si era necesario, por lo que tuve que ir adónde un tercero neutral para que el dijera si era necesaria o no, este tercer doctor fue muy claro y no dudo en que yo necesitaba la operación lo más antes posible.

A partir de eso comencé a ir al gym a recuperar mi rango de movimiento de la rodilla y fortalecer ciertos músculos y como siempre los ángeles siempre estuvieron ahí y me programaron la cirugía súper rápido. La primera programación fue fallida, no había espacio en recuperación y me mandaron para la casa, fue toda una decepción en ese momento pero no me vencí y hasta un correo al jefe del departamento le mandé y ese mismo día me dieron la re programación de la cirugía para una semana después y gracias a Dios para ese día todo salió bien y un poco lerdo (como es típicamente nuestro sistema público) me operó el doctor Palaviccini hijo siendo la cirugía un exitoso y encontrándose solamente el ligamento dañado y no otros elementos aledaños.

No pensé que se me fuera a extender tanto con esto, es por esto por lo que decidí publicarlo por acá. Si usted llegó hasta acá, mis palabras ante todo lo que pasé serían que luchen por sus sueños, hagan cosas que los hacen realmente felices, salgan de su zona confort, aventúrense y vivan lo bonita que es esta vida, porque vida solo hay una y hay que aprovecharla.

Yo quizás no topé con tanta suerte más sin embargo sé que Dios tenía otros planes para mí en ese momento y tiene planes para mí para un futuro, el tiempo de Dios es perfecto, a veces cuesta comprenderlo pero hay que tener la capacidad de saber canalizarlo.

Este viaje me enseñó lo grande que es el amor de mi familia y verdaderos amigos, de ellos siempre tuve el apoyo y me han ayudado hasta el día de hoy, no tengo cómo agradecerles. Si usted quiere vivir una experiencia como la que yo viví (sin quebrarse la rodilla jaja) arriésguese y salga de esa zona de confort, no se va a arrepentir nunca de poder conocer una gran cantidad de culturas diferentes y hacer amigos para toda una vida. 

Comienzo mi recuperación el día de hoy y sé que muy pronto estaré de vuelta, Dios primero.







1 comentario:

  1. Hola Antony,una gran anecdota, como decís "a seguir luchando por los sueños" y principalmente a cuidarte mucho saludos!

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