Al momento que tuve que regresar a
Costa Rica no me tomé el tiempo para escribir acerca de todo un poco de lo que
me había sucedido en mi estadía por los Estados Unidos, sin embargo, hoy, un
día después de mi cirugía de ligamento cruzado anterior me tomé mi tiempo para
escribir esto desde lo más profundo de mi alma.
Todo comenzó al ver unas fotos de
una amiga en un lugar de nieve súper chuzo del cual yo me enamoré y desde ahí
comenzó la aventura, resulta que es un programa que se llama Work and Travel y
es para estudiantes universitarios solamente, al final no terminé yendo a Park City,
Utah sino que fui a Vail, Colorado. Para en esos momentos sentía que a mi vida
le hacía falta una aventura como esas porque en los años anteriores había pasado
estudiando mucho y sentía que la juventud universitaria se me iba, además
estaba un poco cansado de la rutina y de la zona de confort en la que estaba.
Todo marchaba bien, en mi primer
viaje fuera del país y completamente solo, me topé con un norteamericano en el
avión hacia Denver, CO. Josef me ayudó demasiado en el aeropuerto de Houston
que tenía una escala y hasta almorcé con él y nos conocimos un poco durante el
viaje, al final hasta le escribí un correo y esto fue lo que me respondió.
Llegando a Denver, en una noche
fría de invierno, en un pequeño pueblo al sur de la ciudad me esperaba Mónica y
su esposo, Mónica era una muchacha que había contactado por una aplicación que
se llama couchsurfing y que me iba a dar hospedaje gratuito por dos noches, llegar a
tocar el timbre en una casa totalmente desconocida fue todo un gran reto más sin
embargo la pasé bien esas dos noches en un cuarto que me dieron y hasta en una
de las noches hicimos cena y compartimos todos. Mónica escribió esto sobre mí
días después de haber partido para la montaña.
En esos dos días tuve tiempo de visitar la ciudad de Denver centro, apreciar
los rascacielos, lugares importantes y utilizar un sistema de transporte
público formidable.
Ya hacia la montaña de Vail agarré
un bus que duró 2 horas con 30 minutos aproximadamente, ahí conocí a una señora
que no recuerdo su nombre y hablamos durante gran parte del camino. El andar
siempre solo te lleva a eso, a socializar, así en el metro de Denver conocí a
varias personas también. Llegar a la montaña fue impactante, la belleza y el frío
eran proporcionales entre sí, era increíble el frío por dicha ya había comprado
ropa térmica pero de igual manera mi cuerpo no se acostumbraba aún. En la
estación de Vail, me topé a una muchacha gringa que fue como un ángel para mi
(al igual que Josef y Mónica) y me ayudó a llegar al lugar donde me iba a
hospedar durante toda la temporada (estaba como a 40 minutos de adónde iba a
trabajar).
La administración en donde me iba a
hospedar (River Edge Apartments) solo nos daba en el apartamento una cama, un
colchón y los espacios comunes (sala, cocina y baño), todo lo que tenía conmigo
era mi ropa y de comida un paquete de maní, quizás no les puedo explicar el
trago amargo que pasé pero sin embargo Dios nunca se olvidó de mí y me puso
otro ángel (Matt) un gringo que venía llegando y que iba a vivir en el mismo
apartamento que el mío, él tenía carro y me ofreció acompañarme a Walmart a
comprar una cobija, sábanas, almohada y un poco de comida (qué cierta se me
puso mala por no saber comprar en ese momento ni las fechas de vencimiento me
fijé jaja). Al inicio fue difícil con la cocinada jaja el arroz lo hacía en una olla que no era arrocera y me quedaba duro al inicio, comencé a comer mucha ensalada y le echaba pollo o algo así. También por el frío me agarró una gripe bien fea y pasé a pura miel, gengibre, limón y echinacea.
En la montaña estuve como 3 días
sin trabajar esperando a que llegara mi primer día de trabajo. Llegó el gran día
tuvimos una inducción y listo, para el siguiente día había que estar a las 7 de
la mañana subiéndose a la góndola y a las sillas para subir a la montaña, el
frío era increíble, -20 grados Celsius o quizás hasta menis. Resulta que íbamos a
trabajar en un restaurante pero ese día se cambiaron los planes y terminamos en
otro restaurante mis compañeros ticos y una peruana. En ese restaurante,
Buffalo’s, hice una familia y era increíble el gran equipo de trabajo que
éramos comandados por 3 jefes increíbles, Ted, Theo y Nick. Ahí había gente de
Japón, China, USA, Filipinas, Perú y de acá Costa Rica (hasta una cena cultural hicimos, yo hice patacones y todos quedaron como locos). Mis trabajos ahí eran
muy variados fui cajero, tomaba órdenes, preparaba sándwiches, hamburguesas, servía
sopas y limpiaba mesas, hacía de todo básicamente.
Humildemente había aplicado en
línea en unos hoteles cerca del lugar de a dónde vivía porque quería tener un
segundo trabajo para hacer más plata (ya que tenía una deuda que saldar en
Costa Rica) y también porque en mi primer trabajo no podía hacer horas extra. También
en las tardes después de mi primer trabajo con unos curriculum que había
llevado me iba para los lugares cercanos a preguntar si tenían trabajo, fue así
como conseguí mi segundo trabajo, ayudante de los meseros en un restaurante que
se llama Chophouse en Beaver Creek, otra montaña cercana a Vail y de la misma
compañía Vail Resorts (esa montaña quedaba al frente de adonde yo vivía). Ahí
trabajaba 3 días después de mi primer trabajo, miércoles, jueves y domingo. En
ese restaurante conocí gente de Serbia, África, México, Perú, Argentina y de
Estados Unidos. En ese lugar cómo trabajaba menos tiempo no logré conocer tanto
a mis compañeros más sin embargo todos eran muy buena gente y siempre traté de
ayudar en lo más que pude, ahí mismo tuve 3 jefes excepciones Sean, Audrey y
Jeffrey.
Para ese mismo momento me llamaron
de un hotel para una entrevista de trabajo para ser ski valet (las personas que
trabajan en ski valet le ayudan a las personas a guardar sus botas en un
espacio específico en el primer piso del hotel y también guardan los skis para
que no tengan que subir con estos hasta los pisos en los cuales están
hospedados). Resulta ser que me contrataron y tenía 3 trabajos, no me la creía,
era consciente de que iba a ser muy pesado.
En ese lugar conocí el mejor trato
que a un empleado quizás le pueden dar, nos daban desayuno, almuerzo y cena
gratuito, además, los jefes eran personas increíbles, Devin, Hampton y Tim y
los compañeros de trabajo eran muy buena gente, personas de Argentina, Perú y
de Estados Unidos. Yo amé de todo corazón ser ski valet aunque no les escondo
a veces me costaba con los apellidos de las personas porque venían personas del
todo el mundo y yo no estaba acostumbrado a los apellidos gringos y menos los asiáticos
y así. Con el apellido se buscaban los skis y las botas en el sistema para poder
dárselos a los huéspedes, en fin fue todo un gran reto que pude superar.
En toda esa travesía de mis tres
trabajos compré por Facebook mis skis, para mí algo soñado, eran azules marca
Rossignol. El muchacho que los estaba vendiendo hasta al apartamento me los
llegó a dejar, y me dio hasta las botas y los pulls todo eso por $100, yo no
podía estar más emocionado. Saqué una clase y comenzó la aventura, caídas e
inseguridades al inicio fueron la tónica más sin embargo cada vez le comenzaba
a agarrar más confianza y era algo increíble. Yo les puedo decir de una manera
muy humilde que realmente uno se siente vivo cuando baja esquiando esas
montañas y logra observar esas montañas que parecen paisajes, es como sentirse dentro
de una película de estas de navidad en donde la nieve y las vistas hacen que la
vida sea increíble. Por cierto, para la navidad uno de los argentinos se jaló un cerdo buenísimo.
Debido a que tenía 3 trabajos tenía
que trabajar 7 días a la semana sin días de descanso porque como sky valet trabajaba
en mis días libres del primer trabajo (lunes y martes), tres días de la semana iba
a trabajar a doble turno saliendo de la casa a las 6 de la mañana y regresando
a las 11 de la noche y los días restantes iba a trabajar de 6 a 5 de la tarde.
Era súper agotador, sin embargo, me recordaba mucho a mi papá que siempre me cuenta
historias de como la pulseó para sacarnos adelante en un pasado trabajando sin
días de descanso para poder darnos lo mejor y también otro punto importante es
que tenía mucho contacto con la gente y así practicaba más inglés, uno de mis
principales objetivos al realizar el programa. Aún así me quedaba un tiempo para realizar cosas como ir a ver partidos de hockey o aprender a patinar sobre hielo.
Ya trabajando en los 3 trabajos se
llegó unos de los días más tristes de mi estadía, como trabajábamos en la
montaña (en mi primer trabajo) siempre bajábamos esquiando por las tardes de
regreso a la casa. Ese día (27 de enero) yo trabajaba doble jornada y era un
día muy especial porque el mánager nos había dado como premio un locker
entonces ya no había que venir con los skis en el bus todas las mañanas a las
6:30 am con ese frío y con toda esa gran carga. Bajando y de la manera más
simple posible (ya me había caído en otras ocasiones) se me quedó el pie
prensado y escuché mi rodilla traquear, en ese instante del pánico grite
“¡Auxilio auxilio!” como si alguien me fuera a entender en español, en eso
llegó una gringa y yo ya después del susto acaté a hablar en inglés para
decirle que estaba bien, cosa que no lo estaba del todo, logré bajar súper
despacio con mucho miedo por la montaña y me fui a trabajar a mi segundo
trabajo con un dolor muy fuerte en mi rodilla.
El locker que nos habían dado con
costos lo vi porque al tener esa caída ya iba súper tarde para mi segundo
trabajo y tuve que rogarle a un chofer que iba directo para la otra montaña en
donde yo trabajaba que me llevara porque ese era un servicio especial para la
gente más adinerada y al final el chofer accedió y como iba directo yo no
llegué tan tarde a mi segundo trabajo, Dios siempre estuvo conmigo. Ya en el
trabajo no me sentía nada bien, hasta caminaba con dificultad. Fue en eso
cuando una compañera de trabajo me dio una acetaminofén de gran dosis porque a
ella le daban migrañas muy fuertes y el dolor se calmó apenas para llegar a la
casa ese día.
Ese día de la caída fue domingo, y
fui a trabajar así el lunes y martes a mi tercer trabajo, las cosas no eran
fáciles, el dolor estaba ahí y los trabajos eran de pie la mayoría del día, ahí
cuando podía me sentaba pero no era mucho rato. El martes una compañera me
acompañó a una clínica en la noche y todo comenzó por unos rayos X hasta que me
dijeron que tenía una fractura y que necesitaba una operación.
Es muy difícil para mí el explicarles
ese momento, saber que estaba viviendo una de las mejores etapas de mi vida y
saber que de la noche a la mañana todo se apagaba, todos mis sueños se venían
abajo, fue muy difícil. Recuerdo muy bien cuando Vale la muchacha que me
acompañaba me dijo “Llore, desahóguese, aquí estoy con usted” y para mí fue
inevitable no hacerlo, sentía que todo el mundo se me venía encima y ahorita
que estoy escribiendo esto es inevitable que las lágrimas no salgan a flote,
fue una verdadera prueba de fuego. Me pusieron una férula enorme y me dieron
unas muletas, las cuales iban a ser mis amigas por el tiempo que me quedaba en
USA.
Ese día llegué al apartamento, muy
triste y ya mis amigos ticos se comenzaron a dar cuenta de lo que me pasó y
comenzaron a llegar a darme palabras de apoyo, realmente habíamos formado una
familia y estábamos juntos en todo, eso fue algo que me ayudó mucho, sin
embargo, me faltaba la parte más dura, contarle a mi familia, recuerdo que a la
primera que llamé fue a Nati y lloré demasiado, siempre voy a recordar lo fuerte
que fue ella levantándome, dándome todo el apoyo que podía a los cientos de
kilómetros de distancia. No hacía falta estar ahí a la par uno con otro para
sentir el amor que ella me transmitía, no había sido el mejor día de mi vida.
Por unos días no les conté a mis
familiares para no asustarles, solo Nati sabía acá en Costa Rica. Y comenzó la
lucha con el seguro para ver si me pagaban una cita con el ortopédico, llamadas
iban y venían y hasta me di cuenta de que mi seguro era de Sudáfrica (cosa que
no sabía). Los ángeles siempre estuvieron ahí y muchas personas me ayudaron
para que ese cita fuera posible (ya para ese momento mis familiares sabían). Para
ese instante también y después de mandar un correo masivo a como 50
ortopedistas de Costa Rica con el resultado de las placas para ver qué me
recomendaban hacer (algunos se reservaban sus pronósticos) ya había tomado la
decisión de devolverme para Costa Rica, porque primero mi rodilla no estaba del
todo bien, segundo porque no podía volver a esquiar y me partía el alma ver a
mis compañeros todos los días haciéndolo y tercero porque no me iba a operar
allá sin ningún familiar que me ayudara después de la operación.
Ya con el ortopedista Millet (uno
de los mejores ortopedistas del mundo) me atendieron en una clínica olímpica y
tras realizarme unas pruebas físicas me diagnosticaron que tenía roto el
ligamento cruzado anterior (LCA por sus siglas en inglés, dato curioso porque
ese tipo de vocabulario médico no lo dominaba y ahí me la tuve que jugar). Sin
embargo, el doctor me dijo que me tenía que hacer una resonancia magnética (MRI
por sus siglas en inglés) y ahí la lucha creció aún más con el seguro.
Llamaba venía e iba nuevamente y
era difícil la comunicación porque nadie se quería hacer cargo del
procedimiento al ser tan costoso, la resonancia costaba $2100 (más de un millón
de pesos en minutos). Al final también aparecieron ángeles en el camino y el
MRI fue posible (cuando iba a entrar a la cámara, hasta Malpaís
me pusieron de música).
Ese día fue mi último día en USA,
porque para antes de eso ya había matriculado en el TEC y decidido que me iba,
me realizaron la resonancia y de una vez salí para Denver centro en donde iba a
tomar mi vuelo de vuelta a Costa Rica. Antes de irme pasé a comprarle algo a
Nati y a mi familia, todo fue muy rápido y lo que les pude traer fue simbólico
porque andaba un montón de carga ese día y tras de eso mi rodilla mala con la
férula (dato curioso, no sabía cuáles eran las tallas de las blusas de las
mujeres y vieran lo que me costó comprarle unas a Nati, pero al fin se las
compré con todo el amor del mundo y se las llevé de sorpresa).
Estando en USA matriculé el TEC y
llegué dos semanas tarde al semestre, mis amigos (familia TEC) me ayudaron un
montón y sin ellos no lo hubiese logrado. Acá llegué y ver a mi familia fue
algo indescriptible, después de dos meses y medio sin poder abrazarlos fue un
regalo inigualable. También era mi primer Navidad y Año Nuevo con Nati sin
embargo no pudimos estar juntos, ella siempre me apoyó desde un inicio con mi
sueño y nunca dudamos en luchar por lo que hoy actualmente tenemos juntos.
Ya acá en Costa Rica comenzó la
lucha de la cirugía, los ortopedistas de Cartago decían que no era necesario la
operación y los de San José decían que si era necesario, por lo que tuve que ir
adónde un tercero neutral para que el dijera si era necesaria o no, este tercer
doctor fue muy claro y no dudo en que yo necesitaba la operación lo más antes
posible.
A partir de eso comencé a ir al gym
a recuperar mi rango de movimiento de la rodilla y fortalecer ciertos músculos
y como siempre los ángeles siempre estuvieron ahí y me programaron la cirugía
súper rápido. La primera programación fue fallida, no había espacio en
recuperación y me mandaron para la casa, fue toda una decepción en ese momento
pero no me vencí y hasta un correo al jefe del departamento le mandé y ese
mismo día me dieron la re programación de la cirugía para una semana después y
gracias a Dios para ese día todo salió bien y un poco lerdo (como es
típicamente nuestro sistema público) me operó el doctor Palaviccini hijo siendo
la cirugía un exitoso y encontrándose solamente el ligamento dañado y no otros
elementos aledaños.
No pensé que se me fuera a extender
tanto con esto, es por esto por lo que decidí publicarlo por acá. Si usted
llegó hasta acá, mis palabras ante todo lo que pasé serían que luchen por sus
sueños, hagan cosas que los hacen realmente felices, salgan de su zona confort,
aventúrense y vivan lo bonita que es esta vida, porque vida solo hay una y hay
que aprovecharla.
Yo quizás no topé con tanta suerte
más sin embargo sé que Dios tenía otros planes para mí en ese momento y tiene
planes para mí para un futuro, el tiempo de Dios es perfecto, a veces cuesta
comprenderlo pero hay que tener la capacidad de saber canalizarlo.
Este viaje me enseñó lo grande que
es el amor de mi familia y verdaderos amigos, de ellos siempre tuve el apoyo y
me han ayudado hasta el día de hoy, no tengo cómo agradecerles. Si usted quiere
vivir una experiencia como la que yo viví (sin quebrarse la rodilla jaja) arriésguese
y salga de esa zona de confort, no se va a arrepentir nunca de poder conocer
una gran cantidad de culturas diferentes y hacer amigos para toda una vida.
Comienzo mi recuperación el día de hoy y sé que muy pronto estaré de vuelta, Dios primero.
Comienzo mi recuperación el día de hoy y sé que muy pronto estaré de vuelta, Dios primero.









































Hola Antony,una gran anecdota, como decís "a seguir luchando por los sueños" y principalmente a cuidarte mucho saludos!
ResponderEliminar